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19 de noviembre de 2011

Avifauna urbana

Existen determinadas especies de aves que, como el gorrión común (Passer domesticus), viven ligadas al hombre desde tiempo inmemorial. Tanto es así que aunque han alcanzado una distribución cosmopolita, no podemos encontrarlas fuera de los ambientes y habitas antrópicos. Su propio nombre científico es toda una "certificación" de ello.

A otras como golondrinas, vencejos y aviones comunes son las construcciones humanas las que les atraen puesto que les proporcionan el soporte necesario para albergar sus nidos. Y aunque se puedan encontrar colonias de algunas de ellas en paredes rocosas o los abrigos naturales, hace mucho que forman parte de la "decoración" estival de pueblos y ciudades.

Otras han llegaron de muy lejos, por ello les llamamos exóticas, a lo largo del siglo pasado y consiguieron quedarse entre nosotros. Algunas lo hicieron como consecuencia de una colonización más o menos natural, como la Tórtola turca (Streptopelia decaocto), aunque la mayor parte de las veces su presencia es debida a la moda de importar aves por sus bellos colores o atractivos cantos. Aves que después acaban siendo liberadas (voluntariamente o no) y, en algunos casos, acaban aclimatándose y reproduciéndose en las propias ciudades donde se hallaban sus "cárceles". Las cotorras argentinas (Myiopsitta monachus) y las cotorras de Kramer (Psittacula krameri) que habitan la ciudad de Valencia son 2 claros ejemplos.
Cotorra argentina  (Foto: Cludio Dias )
Cotorra de Kramer (Foto: Nir Ofir)


Por último hay algunas que, viviendo próximas a la ciudad, penetran en ella buscando alimento o refugio.
Un ejemplo claro son los garcillas bueyeras (Bubulcus ibis)  que ilustran este post y que a diario se observan  en una rotonda de la ciudad de Valencia aumentándose de los invertebrados que encuentran en el césped que las tapiza, o que duermen en los tejados de los antiguos edificios de mantenimiento y talleres de la Estación del Norte. 

 Bubulcus ibis ... "rotondensis"  ;-) (Foto: Virgilo Beltrán)

Con la llegada de los fríos pronto llegarán oleadas de nuevos "ciudadanos" a refugiarse en los parques, e incluso en los edificios, que les proporcionan abrigo y protección. Coloridos petirrojos, nerviosos colirrojos tizones y grupos de lavanderas blancas ya hacen notar su presencia en los parques, descampados y calles de la ciudad. Y seguro que enormes bandos de estorninos pintos y vulgares están a punto de iniciar su camino al sur para hacernos disfrutar de sus acrobáticos vuelos sincronizados durante las tardes de invierno. 

Les estaremos aguardando!!

1 de agosto de 2011

Culebra de herradura

Regresando de pasar un "día de campo", que no de campeo, en los "Charcos de Quesa", en la que apenas puedo comentar el avistamiento de un Agulilla calzada (Hieraaetus pennatus) sobrevolando los extensos pinares de esa zona del macizo del Caroig y un ejemplar de Lavandera cascadeña (Motacilla cinerea)  en el cauce del río donde nos bañamos (río Cazuma), nos detuvimos a tomar un café en la localidad de Navarrés.
 Mientras estirábamos las piernas paseando por sus calles, nos sorprendió una pareja de Cotorra argentina (Myiopsitta_monachus)  posadas en una palmera. Observándolas durante unos 20 min. pudimos comprobar que acarreaban ramitas e incluso uno de los ejemplares las  colocaba en una incipiente estructura en la base de las hojas de la palmera. Un indicio de nidificación que comuniqué oportunamente en el foro de la SVO.


Pero afanados en intentar hacer una foto "decente" de las mismas, otra protagonista apareció en escena y robó toda la atención a las cotorras. 
Alertado por los gritos de una familia que paseaba por allí en ese momento pude ver una serpiente, de al menos un metro de longitud, cruzando la calle en ese momento a apenas 20 m. de mí.
Me apresuré a acercarme a ella antes de que se perdiese en los jardines que había al otro lado de la calle o de que algún transeunte decidiese que no era bienvenida en las calles de la localidad. 
Al acercarme y cortarle el paso, se enroscó y pude identificarla rápidamente. Era un bonito ejemplar adulto de culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis).


 

La capturé rápidamente sin causarle daño, e intentando evitar que me mordiera, ante el estupor de la familia que la había detectado y que observaba como lanzaba mordiscos contra mis botas. 
Una vez en mis manos, varios vecinos que paseaban por allí se acercaron a observarla. Algunos con viva curiosidad, sobre todo los niños, pero los más con un cierto respeto que ocultaba los verdaderos sentimiento (o sensaciones) que infunden estos animales a muchas personas;  incluida MªCarmen que tuvo que  actuar como reportera del "evento" venciendo sus propios miedos ... que no eran pocos!!
Pero el ejemplar se comportó de manera muy dócil. Una vez capturado no ofreció apenas resistencia intuyendo, quizá, que mis manos no iban a causarle daño, tan solo una inmovilización temporal de su cabeza para impedirle morder.


 

Gracias a ello pude explicar a quien le interesó, que estos reptiles no son venenosos ni peligrosos sino que, muy al contrario, son unos excelentes aliados contra los roedores. De paso explique también como diferenciar las culebras de otros ofidios como las víboras, que si entrañan peligro.


Tras las lecciones prácticas, llego el momento de alejarse del pueblo y liberar a la involuntaria "asistente". La liberación fue rápida -aunque MªCarmen se olvidó de la cámara y del reportaje, más preocupada de comprobar hacia donde iba a dirigirse el "bicho"-  y nuestra amiga se perdió sigilosamente entre las altar hierbas de un campo en barbecho. 



Suerte para ella!!