Existen determinadas especies de aves que, como el
gorrión común (Passer domesticus), viven ligadas al hombre desde tiempo inmemorial. Tanto es así que aunque han alcanzado una distribución cosmopolita, no podemos encontrarlas fuera de los ambientes y habitas antrópicos. Su propio nombre científico es toda una "certificación" de ello.
A otras como
golondrinas, vencejos y
aviones comunes son las construcciones humanas las que les atraen puesto que les proporcionan el soporte necesario para albergar sus nidos. Y aunque se puedan encontrar colonias de algunas de ellas en paredes rocosas o los abrigos naturales, hace mucho que forman parte de la "decoración" estival de pueblos y ciudades.
Otras han llegaron de muy lejos, por ello les llamamos exóticas, a lo largo del siglo pasado y consiguieron quedarse entre nosotros. Algunas lo hicieron como consecuencia de una colonización más o menos natural, como la
Tórtola turca (Streptopelia decaocto), aunque la mayor parte de las veces su presencia es debida a la moda de importar aves por sus bellos colores o atractivos cantos. Aves que después acaban siendo liberadas (voluntariamente o no) y, en algunos casos, acaban aclimatándose y reproduciéndose en las propias ciudades donde se hallaban sus "cárceles". Las
cotorras argentinas (Myiopsitta monachus) y las
cotorras de Kramer (Psittacula krameri) que habitan la ciudad de Valencia son 2 claros ejemplos.
Cotorra argentina (Foto: Cludio Dias )Cotorra de Kramer (Foto: Nir Ofir)
Por último hay algunas que, viviendo próximas a la ciudad, penetran en ella buscando alimento o refugio.
Un ejemplo claro son los garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) que ilustran este post y que a diario se observan en una rotonda de la ciudad de Valencia aumentándose de los invertebrados que encuentran en el césped que las tapiza, o que duermen en los tejados de los antiguos edificios de mantenimiento y talleres de la Estación del Norte.
Bubulcus ibis ... "rotondensis" ;-) (Foto: Virgilo Beltrán)
Con la llegada de los fríos pronto llegarán oleadas de nuevos "ciudadanos" a refugiarse en los parques, e incluso en los edificios, que les proporcionan abrigo y protección. Coloridos
petirrojos, nerviosos
colirrojos tizones y grupos de
lavanderas blancas ya hacen notar su presencia en los parques, descampados y calles de la ciudad.
Y seguro que enormes bandos de
estorninos pintos y
vulgares están a punto de iniciar su camino al sur para hacernos disfrutar de sus acrobáticos vuelos sincronizados durante las tardes de invierno.
Les estaremos aguardando!!